La Entrevista

Entrevista al autor y conferencista JORGE HIMITIAN:

“LA BATALLA POR EL SIGNIFICADO DE LAS PALABRAS ES LA GRAN BATALLA DE NUESTRO TIEMPO”


“Hemos predicado un evangelio sin reino y una salvación sin el señorío de Cristo”

En esta entrevista con Educahoy, Jorge Himitian reflexiona sobre la verdadera identidad y misión de la Iglesia a la luz del señorío de Jesucristo. Himitian cuestiona una comprensión de la fe reducida a reuniones, estructuras o actividades religiosas, y llama a recuperar el evangelio del Reino, el discipulado y una vida integralmente sometida al gobierno de Cristo. Para él, ser Iglesia significa pertenecer al pueblo de Dios y manifestar el carácter de Jesús en la familia, el trabajo, la sociedad y cada ámbito de la vida.


1- Si Cristo es verdaderamente el Señor, ¿por qué tantos cristianos siguen entendiendo la Iglesia principalmente como un lugar al que asisten y no como el pueblo al que pertenecen?

Porque no han sido debidamente enseñados. La palabra “iglesia” en el Nuevo Testamento nunca se refiere a un edificio material. Sin embargo, hoy, la inmensa mayoría, tanto de católicos como de evangélicos, usa el término “iglesia” equivocadamente. Dicen: “Voy a la iglesia”. Nosotros no vamos a la iglesia. Nosotros SOMOS la iglesia. O dicen: “Estamos pintando la iglesia”, y se refieren a las paredes.

La iglesia es una familia: la familia de Dios. Es el pueblo redimido. Son hombres y mujeres que han aceptado a Jesús como Señor.

Este error de vocabulario no es algo simple; produce una gran distorsión en nuestra manera de pensar y de vivir.

La identidad de la iglesia tampoco se limita al momento en que se congrega. La iglesia se congrega pocas horas por semana, pero no somos iglesia únicamente cuando nos reunimos. Somos iglesia las 24 horas del día, los siete días de la semana: en la casa, en la cocina, en el dormitorio, en el taller, en la fábrica, en el escritorio, en la universidad, en la ciudad o en el campo. Todos los días y en todas partes seguimos siendo iglesia: la iglesia de Jesucristo.

2- ¿Es posible que una iglesia conserve su estructura, sus actividades y su crecimiento, pero haya olvidado su verdadera identidad?

Si la iglesia no tiene clara su identidad, es muy fácil que se reduzca a una asociación civil y religiosa, con su propia estructura, comisión directiva, programas y actividades.

Nosotros somos la iglesia. Somos la familia de Dios, el pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo, el templo de Dios. Somos la luz del mundo y la sal de la tierra. Esta es nuestra verdadera identidad, y es esta identidad la que define nuestra misión en el mundo.

3- ¿Qué pierde una comunidad cristiana cuando deja de definirse por el señorío de Cristo y comienza a definirse por sus programas, tradiciones o preferencias?

El problema principal es que los evangélicos, en los últimos dos siglos, hemos predicado un evangelio sin reino y una salvación sin el señorío de Cristo. La fórmula clásica ha sido: “Acepta a Jesucristo como tu SALVADOR PERSONAL y serás salvo”. Sin embargo, la Palabra de Dios dice en Romanos 10:9: “Si confesares con tu boca que JESÚS ES EL SEÑOR, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, SERÁS SALVO”.

Esta modalidad de predicación deficiente ha producido cristianos deficientes, sin compromiso con el reino de Dios. Creyentes que tienen a Jesús como su servidor y no como su Señor. Jesús es quien me da paz, perdón, salvación y vida eterna, pero yo sigo siendo el dueño y el centro de mi vida.

4- En una cultura donde la autonomía es considerada el valor supremo, ¿por qué la Biblia presenta la obediencia al Señor como el camino hacia la verdadera libertad?

Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad hará libres” (Juan 8:32).

El ser humano, desde su creación, es un ser dependiente. Dios es el dador y sustentador de la vida. Dios es el dueño de todo lo que existe. Él es la autoridad máxima sobre toda la creación y sobre todas las criaturas.

La verdadera libertad comienza por reconocer esta verdad. Y, a partir de ella, experimentamos la libertad y la vida en su plenitud.La visión negativa del poder que presenta Foucault es falsa cuando se trata de Dios. Dios utiliza el poder de forma muy diferente al hombre caído. Como Él es bueno, utiliza Su poder y autoridad para servir a aquellos que están bajo Su autoridad por su bien, incluso a costa de un importante sacrificio personal. Su poder está centrado en los demás y es desinteresado. Esto se ve claramente en la cruz (véase Filipenses 2:3-11).

5- ¿Qué significa realmente que Jesús gobierne Su Iglesia hoy? ¿Es una afirmación doctrinal o una realidad visible en la vida de una congregación?

Significa que cada miembro de la iglesia vive de acuerdo con la voluntad de Dios. El gobierno de Cristo no es solamente una afirmación doctrinal; se hace visible en nuestra manera de vivir.

Se manifiesta en familias que viven en paz y armonía; en maridos sabios y amables; en esposas sumisas, con un carácter amable y apacible; en hijos respetuosos y obedientes; en ancianos respetados y venerados por la generación joven; en hijos criados en el amor y el temor de Dios; en mujeres virtuosas, felices y llenas de buenas obras.

Se manifiesta también en discípulos que están aprendiendo a ser humildes, pacientes, amables, generosos, sinceros y honestos. Discípulos cuyo estilo de vida es amar, perdonar, servir, confesar sus pecados, obedecer y pagar los impuestos.

Lo vemos en trabajadores responsables, eficientes, diligentes, fieles, confiables y productivos, que respetan a sus autoridades. También en empresarios y profesionales que aman a sus obreros y empleados como a sí mismos y que, consecuentemente, usan sus capacidades intelectuales y sus recursos económicos para contribuir a su desarrollo integral. Lejos de explotarlos laboralmente, procuran dignificarlos con los mejores sueldos posibles y apoyar el desarrollo y el bienestar general de sus familias: vivienda, salud, educación y progreso económico y espiritual.

El gobierno de Cristo se hace visible en hombres y mujeres que manifiestan su carácter: aman a su prójimo, ayudan a los necesitados, lloran con los que lloran, se alegran con los que están felices, devuelven bien por mal, enfrentan la injusticia con paz, dan gracias a Dios por todo, vencen la tentación, viven en el gozo del Señor, oran sin cesar, dan testimonio de Jesús, hacen discípulos, ponen sus recursos al servicio de sus hermanos y, sobre todas las cosas, aman a Dios con todo su ser.

Y si algún hijo de Dios ocupara un cargo, importante o secundario, en una institución privada o pública, en una empresa comercial o de cualquier índole —ya sea como presidente de la nación o como portero de una pequeña escuela—, en su carácter de discípulo ejercerá esa función con absoluta integridad, honestidad, fidelidad y responsabilidad. No dará ni recibirá sobornos; no recurrirá a mentiras ni engaños; no buscará ventajas personales ni favoritismos, sino que actuará con imparcialidad y equidad. Sabrá, además, que su cargo, sea el que fuere, es un puesto de servicio para el bien de sus semejantes.

6- Si cada generación redefine la misión de la Iglesia según las demandas culturales del momento, ¿qué permanece inalterable de su llamado original?

Quien definió la misión de la iglesia en el mundo es Jesucristo resucitado. Él declaró a sus discípulos cuál sería la misión de la iglesia desde Pentecostés hasta su segunda venida. En Mateo 28:18-20 dice: “Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos… y enseñándoles a que guarden todas las cosas que os he mandado… todos los días, hasta el fin del mundo”.

Esta misión permanece independientemente de la nación, la cultura, el siglo o la civilización.

7- Si Cristo regresara hoy, ¿reconocería en nuestras iglesias la comunidad que Él vino a establecer o encontraría organizaciones que hablan de Él, pero ya no viven bajo Su gobierno?

¿Podrá quedar sin respuesta la oración de Jesús al Padre en Juan 17?

“Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad”. “Que todos sean uno… para que el mundo crea que tú me has enviado”.

¿Podrá terminar la historia con el fracaso de Jesús? ¿Con Jesús diciéndole al Padre: “Perdón, Padre, lo intenté, pero no lo logré”?

No. Jesús regresará a buscar una iglesia gloriosa y santa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, purificada por el lavamiento del agua por la palabra (Efesios 5:26-27).

Él lo prometió: “Edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.

La iglesia recuperará el evangelio del reino, el verdadero discipulado y la unidad. Volverá a ser un solo cuerpo, una sola iglesia. Recuperará su identidad y su vocación, y cumplirá plenamente su misión en medio de las naciones.